Relatos

Alceste…¿un misántropo o un romántico?

Imagen “…

 MANTO:  ¡Vos detestáis la naturaleza humana!

 ALCESTE: Sí, he concebido por ella un odio espantoso.

FILINTO: ¿Todos los pobres mortales, sin excepción, serán incluidos en este aborrecimiento? Todavía hay algo de bueno en el siglo en que vivimos…

 ALCESTE : No! es general, y odio a todos los hombres. A los unos, porque son malos y dañinos, y a los otros, por ser complacientes con los malos y no tener para ellos ese odio vigoroso que debe provocar el vicio en las almas virtuosas.

Se ve el injusto exceso de esta complacencia a propósito del perfecto facineroso con el que mantengo pleito, a través de su máscara se ve al traidor plenamente. Es conocido como lo que es en todas partes; sus caídas de ojos y su tono dulzón no engañan más que a los que no son de aquí, se sabe que ese palurdo digno de que se le ponga en evidencia se ha deslizado en la sociedad por medio de sucios menesteres, y que su fortuna, revestida por ellos de esplendor, hace sonrojarse a la virtud y rezongar al mérito. Por más epítetos vergonzosos que se le apliquen dondequiera, su miserable honor no encuentra defensa en nadie; llamadle trapacero, infame y facineroso maldito, todo el mundo conviene en ello y nadie os contradice. Sin embargo, su mueca es bienvenida en todas partes, en todas partes sedesliza, se le acoge, se le festeja; y si hay que conseguir un puesto con intrigas, se le ve ganárselo al hombre más honrado. ¡Ira de Dios, es para mí mortal ofensa el ver que se guardan miramientos con el vicio; y a menudo me sobrevienen súbitos impulsos de huir a un desierto lejos del contacto de los hombres!

…”

Hoy les he invitado a leer este pequeño fragmento de la pieza de teatro “El Misántropo”, del magnífico Moliere escrito en 1666. He querido rescatar este fragmento porque creo que pudiera ser ejemplo de un sentir inherente al ser humano en algún momento de su vida, mas aun en los tiempos que corren…

Entre la misantropía y el desencanto hay una línea tan estrecha, que solo quienes miran desde el optimismo consiguen ver la diferencia. El trágico ( al que yo llamaría un romántico) un nostálgico de la buena intención, pasará en algún momento de su vida a odiar al ser humano, por ser  éste tan hipócrita e injusto con el.

Sin embargo, normalmente, es la decepción del amor al ser humano lo que le lleva a tal estado, como Moliere cuando escribe esta obra tras un desengaño amoroso. En consecuencia, resolvemos que la misantropía no es otra caso que un filántropo decepcionado y desencantado, frustrado con el mundo que le rodea y no un bárbaro que odia a todo aquel que pertenece al género humano.

Ha sido curioso, profundizar en este término y constatar o descubrir como grandes personajes de la historia han reflexionado acerca de este concepto, o se han calificado a si mismos como tal. Entre ellos encontramos a Sartre, cuya frase no puedo dejar de compartir aquíEl misántropo es hombre; por lo tanto, el humanista ha de ser en cierta medida misántropo. Pero es un misántropo científico, que ha sabido dosificar su odio, que odia primero a los hombres para poder amarlos después.” o Schopenhauer  que con su obra “La existencia del ser humano es un error” lo dice todo, o Julio Cortázar, que declara haber “padecido” de misantropía en su juventud, entre otros muchos.

Yo creo, firmemente, que a su manera, cada uno de nosotros ha tenido sentimientos o pensamientos de ambos tipos “misantrópicos y filantrópicos”, ya que son indisociables y no podrían existir el uno sin el otro. Me gusta pensar también, que ambos nos ayudan a evolucionar y ser mejores seres humanos, que aunque imperfectos, con grandes potencialidades, capaces de convertir el desencanto, la frustración y el desengaño en amor, cooperación, y comprensión. No soy quien para contradecir al grandísimo Jean-Paul Sartre, asi que como humanista declarada, prefiero transformar eso que el llama odio en inconformismo y que este sirva de motor del cambio.

Concluyo entonces, que Alceste, como la mayoría de nosotros, era un romántico, quizás demasiado crítico o duro en sus palabras, quizás en ocasiones algo grosero, pero no escondía sus frustraciones. Era al fin y al cabo un simple ser humano detrás de quien se escondía, en el fondo, un gran deseo de transformar las cosas…

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